jueves 14 de julio de 2011

CUENTOS VERANIEGOS (II)

La miro y todavía me sorprende lo hermosa que sigue siendo.

Aún conserva esos bellos ojos de mirada ambarina, serena, reidores y soñadores las más de las veces, tristes ocasionalmente, pero siempre maravillosos.

Nos estamos preparando para dar nuestro paseo diario, tantos y tantos años siguiendo el mismo ritual, pero no nos cansamos ni nos aburrimos, nadie se cansa ni aburre cuando disfruta.

Hemos envejecido juntos, porque sí, ella está vieja, es una encantadora anciana y yo también, también estoy viejo y achacoso.

Antes íbamos más lejos, pero desde que inauguraron un parque al lado de casa no necesitamos caminar tanto.

En el parque se está muy bien, hay árboles frondosos que nos resguardan del sol en verano y nos protegen con su sombra del calor asfixiante que nos envían los rayos solares.

Paseamos un poco, uno al lado del otro y cuando queremos nos sentamos en un banco, en verano como digo, buscando las sombras que dan los árboles, ahora es verano.

En invierno solo paseamos y enseguida a casa, a no ser que sea un día soleado, entonces sí que nos sentamos un rato, bien abrigados bajo los tenues rayos de sol y estamos a gusto y felices.

Hoy la miro y la noto más cansada de lo habitual, incluso está algo pálida, lleva un andar lento y oigo su respiración más de lo normal. Busco su mirada y nos dirigimos a nuestro banco, a veces está ocupado, pero cuando nos ven llegar se levantan y se marchan, algunas personas por cortesía esperan unos instantes, otras sin embargo lo hacen en el momentos que ella toma asiento, como si fuésemos apestados, como si la vejez fuese contagiosa; mejor, estamos mejor solos.

Nos acomodamos en nuestro banco y observamos a la gente pasear, a los niños jugar, corretear incansables y allá al fondo muchos señores jugando a la petanca, oímos sus risas y a veces se enfadan, pero normalmente ríen y se lo pasan genial.

Ella se ha dormido, su cabeza se inclina levemente hacia la derecha, bien, la dejaré dormir, se la ve cansada, seguro que ha dormido mal esta noche y lo necesita.

Me empiezo a preocupar, ya lleva mucho tiempo dormida, pero lo extraño además es que no cambia la postura de la cabeza, luego le dolerá el cuello. Con mucho mimo la toco la pierna con mi pata derecha y la doy también con el hocico, pero nada, no se mueve. Me enfurezco y comienzo a gruñir, quiero llamar la atención de las personas que están cerca, pero al oír mis gruñidos no se acercan. Dejo de gruñir y empiezo a lamer la mano de mi ama y ella no reacciona, ahora salen gemidos de mi garganta, mi ama huele raro, bueno, huele como siempre, pero se mezcla con un olor nuevo que me asusta, no me gusta. Con mis dientes agarro su falda y tiro de ella, ella se cae del banco, debe ser que he tirado fuerte, a veces no controlo mis fuerzas, soy viejo, pero fuerte todavía.

¡Por fin! Parece que alguien se acerca. Yo sigo gimiendo sin parar, no puedo remediarlo, tengo miedo y pena. Entre dos humanos la levantan y uno de ellos la toma de la muñeca y dice “no hay pulso”. ¿Qué significa eso, qué quiere decir? El otro me acaricia el hocico, pero yo estoy triste y furioso y hago un amago de morderle, quiero que me dejen en paz. El que tocó su muñeca está al teléfono, pide una ambulancia. Yo tengo la cabeza apoyada en las faldas de mi ama y no paro de lamer sus manos, sus dulces manos, también la doy golpes suaves con una de mis patas delanteras, quiero que despierte, quiero irme a casa y comer y tumbarme a su lado a ver la televisión y dormir, porque al final los dos nos dormimos viendo la televisión.

Llega la ambulancia y yo sigo la camilla, no me dejan subir y empiezo a ladrar e intento morder a todos, estoy furioso, ella es mi ama, quiero estar con ella. El hombre que me acarició el hocico lo intenta de nuevo, le dejo, huele bien, parece un humano bueno, mientras me acaricia habla con los de la ambulancia, pregunta dónde llevan a mi ama y dicen que al depósito, está muerta. ¿Eso qué es? Quiero a mi ama, quiero a la mujer.

Estoy triste, enfermo, ya sé lo que significa la muerte, te vas para siempre, ya no vives más y yo me estoy muriendo, lo sé.

Hace tres días que mi ama se fue, yo perseguí incansable a la ambulancia, cuando perdía su rastro lo volvía a encontrar porque me conducía el dulce olor de ella. No me dejaron entrar al edificio donde la llevaron pero me quedé fuera tumbado, esperando, aguardando. Más tarde, no sé cuanto más tarde, volví a seguir el rastro de mi ama, su conocido olor, pero ya no la vi.

Esté en un lugar hermoso, con árboles, a ella la gustaría si pudiese verlo, muchas personas que olían bien la acompañaron a este lugar y pusieron muchas flores, muy olorosas, yo lo miraba todo de lejos, no me permiten acercarme, incluso intentaron cogerme varias veces, pero aunque soy viejo todavía doy buenas carreras.

Es de noche, de día vago por este lugar, pero de noche, al amparo de las sombras me tumbo al lado de las flores y estoy con mi ama, siento como se me escapa la vida porque no he comido ni bebido nada desde que ella me dejó. Al principio estaba furioso porque me dolía la tripa y tenía sed, ahora me da igual, quiero irme con mi ama.

Por fin me voy, que paz.


N. Angulo





martes 12 de julio de 2011

CUENTOS VERANIEGOS (I)

Le veo todas las mañanas desde hace ya bastante tiempo, alto, moreno, bronceado y musculoso, no me extraña, nada casi como un pez, de manera acompasada, rítmica y tranquilamente.

Todos los días sigue el mismo ritual, llega a a la playa, deposita su ropa encima de la toalla, en la arena, hace unos cuantos estiramientos y enseguida corre hacia las aguas del mar. Nada y nada sin parar, hasta el agotamiento. Yo le observo, suerte que no me ve, le miro a sabiendas que él ignora mi presencia y me recreo, me deleito con su presencia en las aguas profundas del océano.

Desde que le conozco me embarga una inmensa tristeza, poco a poco, sin apenas darme cuenta me he ido enamorando de él y le busco aún a sabiendas que ya no está, que ya se ha ido, aún así, no puedo dejar de buscarle y me asomo a las aguas y mi mirada busca con afán por la arena de la playa en busca de su presencia, de ese físico portentoso que me tiene totalmente embelesada.

Por las noches en mi tristeza ideo una y mil maneras de acercarme a él, de hacerle saber el amor que siento, pero enseguida lo deshecho, sé de su rechazo, sé que nuestro amor es imposible, sé que el mundo no está preparado ni podrá asumir un amor como el nuestro.

Tengo que olvidarle, debo olvidarle.

Las aguas lucen maravillosas con reflejos ora ambarinos, ora dorados, dependiendo de la luz del sol y su intensidad.

La naturaleza es hermosa, la mar es hermosa, lástima que los humanos sean tan devastadores.

Están infectando mis aguas, las destruyen, las contaminan, con vertidos y suciedad.

No debo entristecerme, no puedo permitírmelo, voy a nadar otro poco, he estado mucho tiempo en la superficie.

He soñado, nosotras también soñamos. En mi sueño jugaba con él, nadaba a su alrededor. En un principio él se sorprendía, pero enseguida reaccionaba y me perseguía por el océano y hacíamos carreras por las profundidades marinas.

Pero es un sueño y como dicen los humanos, los sueños, sueños son.

Aquí está, como todas las mañanas, hoy voy a ser un poco más osada, me voy a ir acercando a él de manera furtiva y le haré cosquillas jajaja que crea que son algas o cualquier pececillo de los muchos que abundan por estas aguas.

Ha sido maravilloso, casi, casi como en mi sueño, le hice cosquillas jajaja el se tocaba los pies, los muslos, buceaba en busca de peces y de algas, he nadado con él y el ha perseguido mis reflejos, mis destellos y mis sombras, por un momento me he asustado, creí que me había visto, pero no, ha sido una falsa alarma. Ha dejado de bucear y se ha ido alejando de mi, en busca de la orilla de la playa.

Se ha tumbado en la toalla. Es como un dios y no me canso de mirarle, mi corazón llora por un amor imposible.

¡¡¡Uf...que subidón!!! La he vuelto a ver, ella cree que no sé de su existencia; ignora que por las noches, desde aquél primer día que vi su hermosa cola, que me llevé un susto de mil demonios y hasta dudé de mi cordura, la he estado observando mientras duerme en las profundas aguas marinas.

Bella, hermosa, relajada.

Estoy perdidamente enamorado de ella. No sabe que cada mañana vengo con la ansiedad de volverla a ver, sigo los mismos rituales para que ella se confíe y salga a la superficie, como ha hecho hoy. Ha sido maravilloso, el día que hemos estado más cerca.

Mañana me adentraré un poco más y jugaré con ella, nadaré a la par que ella, le haré saber de mil modos diferentes mi amor por ella y pido a los dioses que me corresponda.

Ella, mi sirena, yo, un simple mortal.

No sé que nos deparará el futuro, ni tan siquiera si lo tendremos, pero ahora, en estos momentos soy el hombre más feliz y enamorado de la tierra.


N. Angulo


domingo 10 de julio de 2011

¿QUE SE ESCONDE DETRAS?

He sido fumadora, dejé de fumar porque fue mi deseo mucho antes de esta persecución de la que no encuentro ningún calificativo lo suficientemente fuerte que muestre mi repulsa.

Los que me conocéis y sois lectores de mis post habituales, sabéis que a la ley que llaman antitabaco yo la denomino porque es lo que considero real, ley antifumadores, ya que, no se persigue el tabaco sino al fumador.

Mal está que un Estado que se proclama defensor del ciudadano “advierta” desde hace años en los paquetes de cigarrillos sobre los peligros que conlleva el ser fumador, pero lo que ya no tiene nombre es que de un tiempo a esta parte además de advertir pongan una imagen escalofriante, repulsiva y dañina.

¿Qué se esconde detrás de la ley antifumadores?

No es la preocupación por la salud del fumador, no seáis cretinos ni creáis esa patraña.

Todos conocemos personas que han padecido cáncer de pulmón sin haber fumado en su vida, por el contrario personas fumadoras desde su adolescencia que han vivido o viven hasta los 90 años. Siguen sin demostrarme que el tabaco sea la causa del cáncer de pulmón. ¿Qué pasa con la contaminación de los coches, de los cohetes, de los petardos, de las tracas, de los humos de las fábricas, de toda la mierda que hay en el espacio, no será ésta la causa real y lo quieren enmascarar?

Si al Estado le preocupase la salud del ciudadano, prohibiría la venta de tabaco, su fabricación y por supuesto haría desaparecer las plantaciones de tan maligna sustancia.

Así es que descartemos que al Estado les preocupe nuestra salud.

Otro dato que me parece curioso es que persigan, acorralen y atemoricen al fumador de cigarrillos y sin embargo no persigan a los cocainómanos, heroinómanos y consumidores de otras sustancias mucho más adictivas y nocivas que las que pueda contener un paquete de cigarros. Estos adictos si que pueden morir a causa de sus adicciones, estos adictos si que son peligrosos para si mismos y para la sociedad, no he visto que ningún fumador de tabaco mate o robe por una cajetilla, pero si he sabido de heroinómanos que han robado y matado por un “pico”.

El Estado me protege ¿de qué, de quién? De verdad, ¿todavía hay alguien que se crea que el Estado vela por el bienestar del ciudadano?

Esto ha llegado a un punto de desfachatez y despropósito tal, que si una persona se fuma un cigarrillo en un parque, inmediatamente es increpado, amenazado e insultado, pero si una persona cercana lo que está es liándose un porro o bien tomándose una pipa de crack nadie le dice nada, es más, ni se acercan y miran hacia otro lado, por supuesto ni se les pasa por la cabeza denunciar a este individuo, ¡pobre, es un enfermo!!

Que pare esta noria que yo me bajo.

El Estado, lo que tenía que hacer es vigilar que los fabricantes de tabaco no pongan otras sustancias nocivas y peligrosas para crear adicción en el consumidor, exigir que un cigarrillo contenga exclusivamente hoja de tabaco, es lo que realmente harían si de verdad les preocupase la salud del ciudadano.

No soy abogada, pero estoy convencida de que la ley antifumadores tiene las suficientes fisuras legales para que un buen profesional pueda llevar el caso a los tribunales y denunciar al Estado por engañar y no proteger al ciudadano.

Me encantaría que en España existiesen un grupo de abogados con un par de huevos o muchos pares y comenzasen a denunciar a diestro y siniestro a este Gobierno y sus ambigüedades en cuanto a leyes. Esto es lo que necesita este país, ni más ni menos y yo seguiré soñando que existen estos abogados valientes.

El deber del Estado es protegernos, o eso nos venden. ¿Nos protegen los suficiente advirtiendo en las cajetillas que el tabaco mata, nos protegen lo suficiente mostrándonos imágenes que son un despropósito? El que se advierta a un niño que no cruce la calle sin mirar, no significa que el niño obedezca. Queda demostrado que el advertir no es proteger, luego al Estado se les podría denunciar por permitir la venta de un producto que mata.

El por qué no prohíben el tabaco está muy claro; para recaudar dinero. Un cartón de tabaco no tiene un alto coste, lo que se está pagando realmente son los altísimos impuestos que se incrementan al precio de cada cajetilla.

Seguramente hay otras muchas razones oscuras pero estoy segura de que me moriré antes de saberlas.

Abogados, no nos abandonéis a nuestra suerte y denunciad al Estado.


N. Angulo

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