En el verano del año 1790, a los pocos meses de su liberación y recién cumplidos 51 años; Sade conoció a la que sería una de las mujeres más importantes en su vida, la actriz Constance Quesnet, de 40 años, abandonada por su marido y madre de un hijo.
Enseguida surgió entre ellos el amor y a los pocos meses se fueron a vivir juntos.
Donatien siempre describió su relación como feliz, serena y cómoda, gracias a la sensibilidad de Constance, su apoyo y comprensión, de hecho Constance acompañaría a Sade hasta el final de sus días.
En esos años Donatien se volcó completamente en el teatro y en escribir piezas para su representación. La Comédie Francaise le aceptó una de sus piezas, “El misántropo por amor”, pero nunca llegó a representarse para disgusto del marqués que escribió varias cartas a la Comédie suplicando que se representase su obra.
Sus deseos se vieron cumplidos pero no por La Comédie Francaise sino por el teatro Molière que a finales de 1791 estrenó una de sus obras, “El conde de Oxtien” que tuvo además un éxito rotundo tanto por parte del público como de la crítica. Este éxito se vio enturbiado en su segundo día de representación, debido a un altercado llevado a cabo por algunos espectadores. Este incidente obligó a la suspensión de la obra.
Debido a la fama que tenía Donatien en Francia de ir en contra del clero, la monarquía y la nobleza; la Asamblea Revolucionaria le invitó a participar activamente en los procesos revolucionarios que se estaban llevando a cabo. Sade aceptó encantado y colaboró incansablemente escribiendo discursos, tales como; “Idea sobre el modo de sanción de las leyes”, o bien el que se pronunció en el funeral de Marat, “Io”.
La Asamblea empezó a contar con él y le fue asignando tareas como por ejemplo: La organización de hospitales y asistencia pública. Posteriormente le encomendó que propusiese nuevos nombres para diferentes calles y finalmente le nombraron secretario de la sección de dichas calles.
Poco a poco el Marqués se fue introduciendo en el mundo de la política que compaginaba con el teatro y su trabajo como escritor.
De secretario de su sección pasa a ostentar el de Presidente, pero su paso por la política no dura mucho, un día que estaba presidiendo una asamblea dimitió con estas palabras: “Estoy rendido, exhausto, escupiendo sangre. Os dije que era presidente de mi sección; pues bien, ¡mi función ha sido tan borrascosa que no puedo más! Ayer, entre otras cosas, después de haberme visto obligado a retirarme dos veces, no tuve más remedio que dejar mi sillón al vicepresidente. Querían que sometiera a voto un horror, una inhumanidad. Me negué en redondo. ¡Gracias a Dios, ya me he librado!”
El tiempo que duró su paso por la política, Sade desempeño su cargo de manera humanitaria, bienhechora y su comportamiento fue muy moderado en todos los sentidos.
A finales de 1793 Donatien es detenido de nuevo mientras se hallaba en su domicilio, no se le da ninguna explicación al respecto de su detención y le llevan a la cárcel de las Madelonnettes. La cárcel estaba saturada, no había sitio y dejan a Sade en las letrinas durante seis semanas.
No se llegaron a saber los motivos de esta última detención, se especula con falsas denuncias o bien por considerarle persona non grata para la revolución, debido a su comportamiento moderado y por ir en contra de la violencia.
Hasta octubre de 1794, Sade estuvo en tres cárceles distintas y finalmente llegó a la de Picpus, a las afueras de París, donde pudo recibir la visita de Constance. Sade describió esta cárcel como “un paraiso” comparada con las anteriores. Constance al igual que hizo Renèe en su día, luchó de manera incansable por la libertad de Donatien.
Durante el encierro del marqués, en concreto en el verano de 1794, empezaron las decapitaciones, muchas de ellas observadas por él desde su celda, de este modo se expresó más tarde, después de su liberación: “La guillotina ante mis ojos me ha hecho cien veces más daño del que me habían hecho todas las bastillas imaginables”.
También a Sade se le incluyó en las listas de la guillotina y en julio de 1794 le anuncian que junto a 28 acusados, subirá a la carreta que finalmente le conducirá a la guillotina.
Donatien no llegó a ser conducido a la guillotina, según se especula, debido a la intervención de Constance y que él le agradece en su testamento por haberle salvado la vida evitándole la “guadaña revolucionaria”. Se especula también que Constance pudo utilizar sobornos, muy generalizados en aquellos días tan caóticos.
Por fin el 15 de octubre Sade es puesto en libertad y al igual que ocurrió con su detención, nunca supo a que fue debida.
De nuevo en libertad, el marqués intentó vivir del teatro y de sus trabajos literarios. Estrenó algunas obras en Versalles y logró que le publicasen la novela Aline y Valcour . Todo ello no fue suficiente para evitar la pobreza en la que vivía junto a Constance.
Escribió a Renèe para cederla sus tierras por una renta anual, no recordando que las mismas estaban hipotecadas a favor de Renèe desde hacía muchos años.
Por fin escribió una carta a un conocido, Goupilleau de Montaigu, que tenía influencias políticas. En ella aludía de manera suplicante a su pobreza y contaba que no tenía recursos para procurarse comida ni leña con que calentar sus cuatro pareces, ofrecía así mismo su pluma y su capacidad al gobierno.
Sade se vio obligado a mendigar en las posadas por un plato de sopa caliente.
Pero lo peor estaba por llegar.
N. Angulo